Entre la herida y la resistencia
Aprendiendo del cuerpo-territorio con Lorena Cabnal.
Escrito por Ana Gabriela Villagrán López
Foto: Peace Brigades International Canadá
Hay algo que muchas veces no nombramos cuando hablamos de crisis climática. Hablamos de ríos contaminados, de bosques arrasados, de territorios en disputa. Pero pocas veces decimos que ese despojo también pasa por nuestros cuerpos.
Nos enseñaron a mirar el mundo como si todo estuviera separado.
La tierra por un lado.
El cuerpo por otro.
La naturaleza como paisaje.
El cuerpo como objeto.
La realidad es que esta separación forma parte de las herencias más profundas de la colonialidad, que se manifiesta como una forma de organizar la vida donde todo lo que puede ser separado, puede ser explotado.
Por eso, cuando hoy hablamos de crisis climática en términos de “recursos naturales” o “ecosistemas en riesgo”, muchas veces seguimos pensando desde la misma lógica que permitió el despojo. Es decir, nombramos la herida, pero no cuestionamos la forma de mirar.
Lorena Cabnal nos plantea una nueva lógica: Sanar el cuerpo-territorio no es un acto individual ni romántico. Es una práctica política.
La colonización de Abya Yala dejó marcas en la piel, en la memoria, en la forma en que habitamos nuestro propio cuerpo. Porque el mismo sistema que ve la tierra como recurso, ha visto nuestros cuerpos como territorio disponible.
Disponible para:
La violencia
El control
El silenciamiento
Lorena Cabnal no llega a estas conclusiones desde la teoría abstracta ni desde la academia tradicional. Su pensamiento se construye desde la experiencia encarnada, desde su vida como mujer maya xinca en Guatemala, un territorio atravesado por el despojo, la violencia y la resistencia.
A finales de los años 2000, en el marco de procesos organizativos comunitarios frente al avance de proyectos extractivos, Cabnal comienza a nombrar algo que muchas mujeres ya sabían, pero que no había sido reconocido como conocimiento político: las violencias que atraviesan sus cuerpos no pueden separarse de las violencias que atraviesan la tierra.
Este proceso se recoge, entre otros espacios, en su texto “Acercamiento a la construcción del pensamiento feminista comunitario” (2010), donde empieza a delinear las bases del Feminismo Comunitario Territorial, en el que cuestiona la mirada extractivista sobre la naturaleza, de la mano de las limitaciones de ciertos feminismos que no logran situar el cuerpo dentro de las relaciones históricas de colonialidad.
Por eso, cuando plantea que el cuerpo es el primer territorio, está señalando una continuidad histórica relacionada a que la misma lógica que convirtió la tierra en recurso, ha convertido también los cuerpos especialmente los de mujeres indígenas en territorios disponibles para la explotación, el control y la violencia.
Y mientras esa separación siga intacta mientras sigamos defendiendo ríos sin defender a quienes los sostienen, mientras hablemos de clima sin hablar de cuerpos, cualquier propuesta de justicia será incompleta.
Lorena Cabnal no nos deja quedarnos en la denuncia. Nos empuja a una posición más difícil: reconocernos como territorio en disputa, pero también como territorio de defensa.
En este punto, acercarse directamente a la voz de Lorena Cabnal es fundamental ya que, su pensamiento proviene de la oralidad, la experiencia compartida y los procesos colectivos de enunciación.
Ilustración: CONAMURI
Se recomienda el siguiente material audiovisual, en el que Cabnal desarrolla el concepto de cuerpo-territorio desde su propia experiencia y trayectoria política:
¿Quién tiene derecho a habitar su cuerpo sin violencia?
En 2023, casi el 90% de los asesinatos de personas defensoras del territorio ocurrieron en América Latina, según datos de Global Witness, como resultado de un modelo económico que sigue dependiendo del despojo sistemático de territorios indígenas, campesinos y afrodescendientes.
Pero las cifras, por sí solas, no alcanzan a decirlo todo.
Las mujeres que denunciaban violencia sexual en contextos de militarización; Mujeres que sostenían la vida comunitaria mientras sus territorios eran concesionados a empresas mineras; Mujeres que eran llamadas a defender la tierra, pero no necesariamente protegidas dentro de sus propias comunidades.
Todas muestras de que la violencia no empieza con el asesinato. Empieza mucho antes, en formas más silenciosas, más cotidianas, más difíciles de nombrar.
Empieza cuando el agua se contamina y los cuerpos empiezan a enfermar.
Empieza cuando usamos productos para “corregir” el cuerpo.
Empieza cuando aprendemos a odiar nuestro propio cuerpo.
Empieza cuando sobrevivir sustituye a vivir.
Foto: ENTREMUNDOS
“Queremos cambiar el mundo, el sistema patriarcal, pero –acá- nuestros cuerpos están enajenados políticamente de las sanaciones ancestrales que sostienen los cuerpos ante las resistencias”
Sanar no es rendirse: una política del cuerpo
Uno de sus aportes más incómodos pero necesarios es insistir en la sanación. No como algo separado de la lucha, sino como parte de ella.
Plantea que un cuerpo fragmentado por la violencia no puede sostener procesos de liberación a largo plazo. Que la lucha sin cuidado reproduce, de otra forma, la misma lógica de desgaste que impone el sistema. Por eso, desde la Red de Sanadoras en Guatemala, la sanación aparece como una práctica política colectiva.
Esta nueva perspectiva sobre el cuerpo-territorio nos amplía los horizontes: ¿cómo defendemos la vida que somos?
¿Será acaso con la piel que habitamos, el cansancio que sentimos o el mismo autocuidado? Quizás, reconocer eso sea el primer paso para defender el territorio de verdad.
Sanar no es retirarse.
Es recomponer lo que la violencia intentó romper.
Es volver a habitar el cuerpo no desde el miedo, sino desde la dignidad.
Nombrar el cuerpo-territorio es una ruptura; es negarse a aceptar que nuestros cuerpos sigan siendo el lugar donde se descargan todas las violencias del sistema: el racismo, el patriarcado, el extractivismo. Reconstruyamos vínculos, y nombremos el dolor de las violencias, sin quedarnos atrapadas.
Finalmente, desde Latinas por el Clima (L4C), realizamos una breve reflexión y hacemos un llamado a las comunidades de Abya Yala y el mundo. Es fundamental escuchar a las mujeres que defienden territorios desde sus cuerpos como parte de una resistencia a las violencias que atraviesan nuestras propias vidas. Y sobre todo, gracias a referentes como Lorena Cabnal, entendemos que defender la tierra también es aprender a habitarnos con dignidad.
¿Te interesa conocer más sobre el tema? Aquí te dejamos algunas referencias que también fueron la base para la construcción de este texto:
Barahona, M. M. (2025, marzo 8). Cuerpo-territorio: La mirada de Lorena Cabnal a la lucha feminista indígena. Fundaciongrothendieck.org. https://fundaciongrothendieck.org/cuerpo-territorio-la-mirada-de-lorena-cabnal-a-la-lucha-feminista-indigena/
Cabnal, L. (2019). El relato de las violencias desde mi territorio cuerpo-tierra. En X. L. Solano, & R. Icaza, En tiempos de muerte: Cuerpos, Rebeldías, Resistencias (págs. 112-123). San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México: © Cooperativa Editorial Retos.
Mayorga, C. (2020, enero 25). La sanación como camino cósmico-político. Ruda. https://rudagt.org/temas/la-sanacin-como-camino-csmico-poltico/

