La vida después del agua: Mujeres Urus frente a la crisis climática

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Escrito por Adriana Carolina Benitez Ballivián

En diciembre del año 2015, el Lago Poopó, en el departamento boliviano de Oruro, fue oficialmente catalogado como evaporado. Mientras las autoridades hablaban de declaraciones de desastres naturales, los informes se llenaban de estadísticas sobre el cambio climático, y los reportajes hacían eco de una noticia que ya se veía venir, el pueblo Uru se enfrentaba a una realidad mucho más simple y devastadora: la vida sin agua.

Lo que en su momento llegó a ser el segundo lago más grande de Bolivia, con casi 3.000 km. cuadrados, hoy no es más que otro desierto en el altiplano. Las mujeres Urus, que históricamente fueron conocidas como “Gente del Agua”, hoy se veían enfrentadas a una realidad que iba más allá del cambio climático entendido como una abstracción científica. Para ellas, la sequía del Lago Poopó trajo consigo el desafío de reinventar una vida, una identidad, una cotidianidad sin la fuente de agua que las sostuvo siempre. 

Antes vivíamos con lo que nos daba el lago, pero desde que el lago nos ha dejado, las mujeres trabajamos como artesanas, haciendo bolsas, chompas, chalinas, monederos, llaveros, canastas y también sombreros; hasta polleras hacemos con tela de bayeta.
— (Alejandrina Álvarez, artesana de la comunidad Vilañeque, Challapata. Citada en Mercado, 2024)

La evaporación del Lago Poopó significó una de las derrotas más importantes del territorio boliviano frente al extractivismo y la minería en el país. Sin embargo, frente a esta derrota, fueron las mujeres Uru quienes hicieron el camino para seguir adelante, luchar por su agua, su tierra y su historia. Por este motivo es particularmente pertinente reconocer su lucha, como parte de un proceso que las reivindica como agentes activas en la reconstrucción de su propio futuro.

En el marco del Día Mundial del Agua, desde Latinas por el Clima coadyuvamos en la visibilización y reconocimiento de una población que se ha enfrentado a uno de los peores desastres ambientales en Bolivia. Buscamos que la historia de las mujeres Urus trascienda las fronteras nacionales y que su lucha, su sabiduría ancestral y su legado sean un testimonio de resistencia comunitaria frente al sistema extractivista, cada vez más violento e invasivo en todo el territorio latinoamericano.

Aunque este escrito no representa ni la cuarta parte de todo lo que debería decirse sobre estas mujeres, esperamos que con esto nuestra comunidad pueda motivarse a conocer más a ellas, a sus luchas y a su historia.  Sobre todas las cosas, buscamos visibilizar la deuda que todavía tienen nuestras naciones con las comunidades y mujeres indígenas, que son las más afectadas por los efectos del cambio climático.

  • Sobre las y los Urus del altiplano boliviano

La población de los Urus está ubicada en diferentes provincias del altiplano boliviano, incluyendola provincia Poopó, la provincia Avaroa, y la provincia Sebastián Pagador. Los Urus forman parte de los 36 pueblos indígena originario campesinos reconocidos por el Estado Plurinacional de Bolivia. Es pertinente señalar que esta población no es enteramente homogénea, pues presentan distinciones de acuerdo a su ubicación:

  • Urus Murato: es la población históricamente vinculada al Lago Poopó, tradicionalmente conocidos como “Gente del Agua” debido a su lógica de vida construida alrededor del Lago. Algunas de las comunidades que habitan son: Llapallapani, Puñaca Tinta María, Vilañeque, entre otras. 

  • Uru Chipaya: es la población asentada principalmente en el municipio de Chipaya, en el departamento de Oruro. Entre sus características más diferenciadas está su idioma Uru – Chipaya. 

  • Uru Hiroito: si bien es una comunidad reducida, en comparación a las anteriores dos, aún persisten cerca del río Desaguadero, en el departamento de La Paz.

A pesar de sus diferencias, históricamente los Urus se han caracterizado por su subsistencia construida alrededor del agua. En este sentido, actividades como la pesca, la caza de aves acuáticas, la recolección de huevos de aves y el aprovechamiento de la totora (planta característica de la zona) para la construcción de viviendas, utensilios y balsas; fueron elementos que los diferenciaron de otras poblaciones indígenas de la zona, como los Aymaras o los Quechuas. 

Son precisamente estas diferencias las que desencadenaron en procesos de marginalización territorial, presión cultural y reducción de sus espacios de vida; por parte de otras culturas más orientadas a las actividades agropastoriles. De esta manera, según señalan Wachtel (1990) y Molina Rivero (2015), los Urus se enfrentaron históricamente a desafíos vinculados con procesos coloniales y republicanos que contribuyeron a su desplazamiento progresivo hacia zonas consideradas como “marginales” para la agricultura. 

Precisamente este antecedente es el que permite entender y visibilizar la importancia de la relación de esta población con el agua. Para ellas y ellos, el agua no es solamente un “recurso de subsistencia”:es una forma de vida que sustenta su historia, su cultura y su identidad. 

Vivíamos en la cueva porque había agua en el cerro, en el socavón, como en una isla porque todo estaba rodeado de agua. Luego rebajó el agua y de ahí hemos entrado al lago con los totorales, con las islas flotantes, vivimos de la caza y la pesca, pero el lago se fue secando de a poco.
— Germán Choque, amauta de la comunidad Llapallani. Citada en Mercado, 2024)
  • La evaporación del Lago Poopó y el extractivismo en Bolivia

En diciembre del 2015, reportes técnicos de instituciones nacionales e internacionales, anunciaban oficialmente al Lago Poopó como evaporado. En los meses siguientes, autoridades departamentales anunciaban esfuerzos para movilizar recursos bajo la declaración de “desastre natural”, en pro de su recuperación. A pesar de que los esfuerzos continuaron en los siguientes años, el territorio nunca volvió a ser el mismo. Esta era una sentencia que se venía denunciando por los Urus desde hacía ya mucho tiempo antes. Y es que la sequía total del Lago Poopó a causa de la contaminación de los ríos que lo alimentaban, no llegó como sorpresa para nadie: 

Hoy, ya no hay pescado, el lago se ha secado. Había lago en 1985 hasta 1989 cuando se empezó a secar. Entre 1995 y 1997 ha regresado (el agua), el 2000 aparecieron peces y luego fue rebajando (…), los pescados han muerto toneladas.
— (Germán Choque, amauta de la comunidad Llapallani. Citada en Mercado, 2024)

Fotografía: Sara Aliaga Ticona

La evaporación del Lago Poopó es solamente una de las muchas consecuencias que trajo consigo la industria minera y el extractivismo a Bolivia. Estas actividades, impulsadas por intereses económicos y políticas (nacionales e internacionales) han dejado sus huellas en todos los rincones del país, desde la Amazonían boliviana en el norte, pasando por los bosques Chiquitanos en el oriente, atravesando el Chaco en el sur y, llegando a las aguas del altiplano en el occidente. Según Gudynas y Acosta (2011), citados por Mercado (2024), desde 2007, las exportaciones de recursos naturales han superado el 90%, lo que ha llevado al país a depender de los precios y movimientos del mercado internacional.

Esta realidad parece ser contradictoria al marco legal boliviano, cuya Constitución le otorga a la Madre Tierra sus derechos propios. Sin embargo, detrás de la cortina del discurso del “Vivir Bien”, se encuentran a poblaciones que deben transformar por completo sus formas de vida, pues les han arrebatado sus tierras, sus ríos y sus animales.

Hablando específicamente sobre el extractivismo causado por la minería (principal actividad que contribuyó a la evaporación del Lago Poopó), esta no se ha limitado a una sola región. Sin embargo, en el altiplano boliviano, la extracción de minerales como oro, estaño, plata y zinc ha marcado profundamente la organización territorial y ambiental de las poblaciones locales, dañando sus formas de subsistencia, su salud y sus manifestaciones ancestrales y culturales. 

De lo que explotan oro baja sus aguas, ahora se ha visto salitre, hay sal y ya no existen parihuanas, no hay ni un flamenco, ni un ave, todas han desaparecido, algunas se han muerto, otras se han ido. Dónde será su vida, (tal vez) en el lago Titicaca o en Coipasa.
— (Germán Choque, amauta de la comunidad Llapallani. Citada en Mercado, 2024)

Si bien no es pertinente responsabilizar al 100% a la minería por la sequía del Lago Poopó, sí es importante reconocer que esta actividad tuvo un impacto irreversible en la zona. Diversos estudios indican que la reducción progresiva del Lago fue resultado de una combinación de cambio climático, mayor evaporación, desviación de aguas para actividades agrícolas y contaminación minera en la cuenca del río Desaguadero (UNEP, 2016; Perreault, 2014). Debido a su poca profundidad (en promedio entre dos y tres metros) el Lago Poopó era particularmente vulnerable a variaciones climáticas y alteraciones hidrológicas. Estas condiciones facilitaron el escenario que se tiene actualmente. 

La evaporación del Lago Poopó significó (entre otras cosas):

  • Pérdida del ecosistema lacustre, incluyendo poblaciones de peces y aves acuáticas propias de la zona.

  • Pérdida de las bases de las actividades de subsistencia y de la economía local, anteriormente sostenida por la pesca y el consumo de aves locales. 

  • Procesos migratorios de familias enteras a otros territorios, en busca de otras oportunidades de vida.

  • Pérdida de actividades ancestrales y culturales que mantenían viva la memoria Uru.

Cuando era pequeña mis abuelos trabajaban en el lago, no había otro trabajo, vivíamos con pescado, parihuana, recogiendo huevos de pato, esa era nuestra comida, tampoco tenemos terrenos para sembrar (…). Cuando el lago nos ha dejado hemos aprendido a trabajar ayudando a los vecinos, a pastear las ovejas.
— (Alejandrina Álvarez, artesana de la comunidad Vilañeque, Challapata. Citada en Mercado, 2024)
Qué voy hacer, no hay agua ni pescado, por eso hemos aprendido a hacer estas artesanías. Antes había pescados grandes.
— (Gregoria Zuna, artesana de la comunidad Puñaka Tinta María. Citada en Mercado, 2024)

En este escenario de crisis ambiental y territorial, las comunidades que dependían del Lago, y particularmente las mujeres, se han visto obligadas a reconstruir sus estrategias de vida frente a la desaparición de un ecosistema que durante generaciones sostuvo su existencia. Considerando que son las mujeres Urus quienes (bajo estándares persistentes de roles de género) son las principales cuidadoras en las comunidades, la evaporación del Lago las atravesó de manera directa, pues se fueron quedando sin una de las principales fuentes de vida, trabajo y cultura en la zona.

En este sentido, a partir de ahora proponemos problematizar el papel de las mujeres Urus en esta realidad. Desde un enfoque que reivindica la relación cuerpo-territorio, proponemos un diálogo que nos permita entender de qué manera ellas han resignificado su papel en la reconstrucción de sus comunidades. 

  • Un camino de lucha y resiliencia: la vida de las mujeres Urus después del agua

Antes vivíamos con lo que nos daba el lago, pero desde que el lago nos ha dejado, las mujeres trabajamos como artesanas, haciendo bolsas, chompas, chalinas, monederos, llaveros, canastas y también sombreros; hasta polleras hacemos con tela de bayeta.
— (Alejandrina Álvarez, artesana de la comunidad Vilañeque, Challapata. Citada en Mercado, 2024)

Con la evaporación del Lago Poopó, las comunidades que habitaban sus territorios aledaños se enfrentaron a una profunda reconfiguración de sus formas de vida. Sin embargo, esta transformación no se experimenta de manera homogénea. En el caso de las mujeres Uru, la crisis ambiental ha impactado directamente en los espacios donde se desarrollaban actividades esenciales para la reproducción de la vida comunitaria. Comprender estas experiencias implica reconocer que el territorio no es solo un lugar físico, sino un espacio vivido y encarnado en los cuerpos de quienes lo habitan.

Fotografía: Sara Aliaga Ticona

En este sentido, este acontecimiento marcó un antes y un después en la vida de las mujeres Urus. En las comunidades de Puñaca, Villa Ñeque y Llapallapani, ellas han sabido organizarse para hacerle frente a esta catástrofe climática. En este caso, la artesanía ha sido una actividad fundamental para repensar sus dinámicas de subsistencia. Históricamente, las mujeres del Lago Poopó han aprovechado la tTotora para trabajar en elementos utilitarios y decorativos, inspirados en la cultura e historia de la zona. De igual manera, se han especializado en la elaboración de textiles y tejidos. Actualmente, ellas han sabido reaprender y resignificar sus habilidades, para así crear nuevos caminos de resistencia.

Su búsqueda de nuevas alternativas las ha llevado a explorar mercados fuera de sus comunidades, en centros poblados y grandes ciudades. Como bien lo señala Violeta Veliz (2025), las mujeres artesanas del Lago Poopó han incorporado innovaciones en sus diseños, el uso de nuevos materiales como la ch’illawa y el tejido en máquinas modernas (adquiridas como parte del apoyo del Programa Mundial de Alimentos) para la elaboración de textiles que les permitan subsistir, sin dejar de lado su memoria ni su cultura. Actualmente, ellas están atravesando un proceso de adaptación y transformación, en el que exploran nuevas estrategias para mantener y fortalecer su producción artesanal en un contexto caracterizado por la incertidumbre ambiental y los cambios en su territorio.

Fotografía: Jimena Mercado

Es en este contexto que es pertinente reconocer y visibilizar la manera en que los cuerpos de las mujeres Urus se entrelazan con sus territorios, y, de manera mutua, contribuyen a la reconstrucción de sus comunidades y su memoria. Frente a un escenario en el que el extractivismo está cada vez más presente, la reivindicación de la relación cuerpo/territorio de las artesanas del Lago Poopó resalta como evidencia de lucha y de resiliencia. 

Desde el pensamiento feminista comunitario latinoamericano, el vínculo entre cuerpos y territorios se conceptualiza mediante la noción de cuerpo-territorio. La activista Lorena Cabnal propone que los cuerpos de las mujeres y los territorios que habitan están profundamente interrelacionados, ya que ambos son espacios donde se ejercen relaciones de poder, control y resistencia. Desde esta perspectiva, las agresiones al territorio, como la contaminación, el extractivismo o la destrucción de ecosistemas, también se interpretan como agresiones a los cuerpos y a la vida comunitaria. 

De manera similar, la feminista comunitaria boliviana Adriana Guzmán plantea que el territorio no puede separarse de las relaciones sociales que lo sostienen, por lo que la defensa de la tierra implica también la defensa de la vida, los cuerpos y las comunidades.

Así, la historia del lago Poopó demuestra que las crisis ambientales no solo transforman los paisajes, sino también las formas en que las comunidades sienten, recuerdan y reconstruyen sus territorios. En la experiencia de las mujeres Uru, el cuerpo se convierte en un espacio desde el cual se resiste, se cuida la memoria y se reimagina la vida comunitaria tras la desaparición del lago. Explorar estas experiencias desde la geografía feminista permitirá profundizar en cómo el vínculo entre cuerpo, territorio y agua revela dimensiones poco visibles de las crisis climáticas contemporáneas.

  • Geografía feminista: la relación cuerpo – territorio – agua en las mujeres Uru

La Geografía Feminista es una herramienta conceptual que permite analizar cómo las relaciones de género influyen en la organización del espacio, la movilidad y el acceso a los recursos. En América Latina este enfoque ha dialogado con perspectivas decoloniales y comunitarias, incorporando análisis sobre territorio, extractivismo y desigualdades socioambientales. Las autoras Cabnal y Guzmán, anteriormente citadas, son exponentes importantes de esta corriente de pensamiento (sin embargo, no son de ninguna manera las únicas). 

Ahora bien, aplicar la Geografía Feminista al contexto de las mujeres Urus, nos permite visibilizar la complejidad que implica su experiencia frente al cambio climático, y específicamente frente a la evaporación del Lago Poopó. La Geografía Feminista nos permite entender al territorio como un campo de disputa y de construcción de identidades, en el que el cuerpo no es solo un elemento físico, sino más bien es un ente cargado de memoria, significados culturales, y que está en transformación constante. Bajo esta lógica, la desaparición del Lago no implicó únicamente la pérdida de un ecosistema lacustre, sino también una ruptura en las prácticas cotidianas que históricamente estructuraban la vida y la memoria de las mujeres Uru. 

Ante este escenario, las mujeres Urus han desarrollado nuevas estrategias para reconstruir sus formas de subsistencia y fortalecer su autonomía económica, particularmente a través de la producción artesanal y la innovación en textiles. Estas prácticas no solo representan alternativas económicas, sino también mecanismos de continuidad cultural, ya que recuperan saberes tradicionales y los adaptan a nuevas condiciones territoriales. De este modo, el cuerpo, entendido como espacio de memoria, conocimiento y acción, se convierte en un lugar desde el cual se reconfigura la relación con el territorio tras la crisis ambiental. 

La identidad Uru que se consolidaba junto al Lago Poopó, ahora también es atravesada por el cuerpo de sus mujeres, que mediante la artesanía han sabido resistir a sistemas estructurales que las violentan a ellas y a sus territorios. El desafío de cuidar y resistir en medio de una crisis climática, se enfrenta desde la complejidad que implica la experiencia corporal de sus mujeres. El Lago Poopó se mantiene vivo en la cultura Uru Murato, y en la memoria colectiva de sus mujeres, que plasman en sus artesanías una historia de lucha y renacimiento constante. Aunque el Lago Poopó se haya evaporado como ecosistema central, la memoria del agua sigue presente en las prácticas culturales, en los saberes productivos y en las narrativas de las mujeres que habitan este territorio.

Fotografía: Jimena Mercado

  • Deudas que persisten y luchas que resisten

La historia de las comunidades y mujeres Urus es solamente una de las muchas que han sido atravesadas por una estructura extractivista impulsada desde diferentes esferas de poder. Hoy más que nunca, es pertinente recordar y visibilizar la deuda que tienen los Estados de la región con las poblaciones indígenas, que son las más afectadas por las consecuencias del cambio climático y del saqueo de sus tierras. Las comunidades que habitan nuestras regiones, entre ellas las poblaciones Urus, continúan enfrentando limitaciones en el acceso a políticas efectivas de restauración ambiental, apoyo productivo y reconocimiento de los daños ocasionados por décadas de presión de sectores con importante incidencia política y económica. 

En el marco del Día Mundial del Agua, desde Latinas por el Clima recordamos que la lucha por el cuidado de nuestra agua y de nuestros ríos está más vigente que nunca. Abordar estas realidades en el marco del Día Mundial del Agua resulta fundamental para visibilizar que las crisis hídricas no son únicamente problemas ambientales, sino también sociales, culturales, territoriales y de género. La lucha y resiliencia de las mujeres Urus dejan en evidencia que el agua no representa solamente un recurso básico de subsistencia; sino también un elemento básico que sostiene la identidad, la memoria y la cultura. Reconocer y visibilizar sus voces es solamente uno más de los pasos que debemos asumir para construir un futuro en el que ninguna otra población deba enfrentarse a esta crisis climática.


¿Te interesa conocer más sobre el tema? Aquí te dejamos algunas referencias que también fueron la base para la construcción de este texto:

Aliaga Ticona, S., & Sabin, N. (2024, 25 de marzo). La “gente del agua”, los urus Murato de Bolivia, intenta sobrevivir a la desaparición del lago Poopó. Equal Times. https://www.equaltimes.org/la-gente-del-agua-los-urus-murato

Cordero Ponce, S. (2017). Estado plurinacional y autodeterminación en Bolivia y Ecuador: experiencias de construcción de autogobierno indígena (Tesis doctoral). Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). http://hdl.handle.net/10469/11436 

Mercado C., J. (2024, 4 de octubre). Uru Murato: “la gente del agua” que se adapta a la crisis climática tras la desaparición del lago Poopó. Visión 360. https://www.vision360.bo/noticias/2024/10/04/12958-uru-murato-la-gente-del-agua-que-se-adapta-a-la-crisis-climatica-tras-la-desaparicion-del-lago-poopo 

Romero Flores, J. R. (2015). Pasos hacia una descolonización de lo festivo. Tabula Rasa, (22), 103–122. https://www.redalyc.org/pdf/4261/426141574004.pdf 

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